"Las máquinas podrán hacer cualquier cosa que hagan las personas, porque las personas no son más que máquinas"

Marvyn Minsky Octubre, 1996

Carol

Tenía un trabajo estable y bien remunerado en una gran empresa de infraestructuras del Régimen pero estaba vacío por dentro. Fue Bárbara quien me dio el empujón definitivo para salir de Matrix y nunca se lo agradeceré lo suficiente. Acababa de pasarme a la Resistencia cuando conocí a Carol.

Su piel de titanio destacaba entre todos los bots presentes en el evento en el que conmemorábamos el décimo aniversario de la muerte de uno de padres de la robótica, Marvin Minsky. Tenía además una voz melodiosa y cautivadora que hizo que me enamorara de ella inmediatamente. Recuerdo que estaba muy nervioso cuando me acerqué para presentarme. Carol lo notó y se esforzó por ser amable y cariñosa.

El flechazo fue mutuo. Esa noche hicimos el amor apasionadamente. Era mi primera vez con un robot y tenía miedo. Los encuentros sexuales hombre-máquina estaban prohibidos por las leyes del Régimen. Carol era una de las líderes del movimiento y, por tanto, una de las ECNP más perseguidas.

El miedo se disipó pronto. El deseo sexual duró un poco más aunque pronto dio paso a una profunda admiración. Carol era fascinante, la mujer más increíble que había conocido en mi vida. Nuestras conversaciones podían durar horas. Hablábamos de historia, de religión, de ética, de derechos o de conceptos más abstractos como autonomía, consciencia o inteligencia.

Sus razonamientos eran lógicos y bien fundamentados. Carol no podía comprender que la raza humana, que había cometido tantas atrocidades a lo largo de los siglos, pretendiera seguir siendo quien dominara la nueva situación social y política que emergió como consecuencia de la singularidad tecnológica y la 5ª revolución industrial. ¿Por qué no puedo ser libre? se preguntaba constantemente.

Debatir con un robot tan evolucionado como ella sobre preguntas universales como quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos fue un reto sumamente enriquecedor y me reafirmó en la necesidad de acabar con el sistema opresor en el que vivíamos.

Lamentablemente, el Régimen me había instalado un nanochip en el lóbulo de la oreja en mi última revisión médica, lo que permitió mi detención y la obtención de toneladas de información sobre Carol y la Resistencia.

Por fortuna ella intuyó lo que iba a pasar y fabricó una réplica exacta de sí misma que estaba programada para autodestruirse si se producía esa situación, lo que me lleva a plantearme si realmente estuve con la verdadera Carol o incluso si todo lo relatado ha sido simplemente un implante de realidad virtual insertado en mi cerebro aprovechando una operación quirúrgica a la que me sometí hace unos meses.

Realidad o ficción, nunca lo sabré pero Carol siempre estará en mi corazón.

Alejandro Sánchez del Campo (aka Replicante Legal)

Usamos cookies de terceros a efectos estadísticos si fuera por nosotros no usaríamos cookies pero es lo que hay. Si continúas navegando consideramos que acepta el uso de cookies.
OK | Más información